#AhoraMisiones
Hay poco claro en el recién constituido Parlamento Europeo. Lo que sí está cantado es que el recién acordado tratado con los países del Mercosur tendrá que enfrentarse, desde el primer día, a mucha oposición.

La  legislatura del Parlamento Europeo para el período 2019-2024 está en pañales, pero en lo que concierne a América Latina desde ya una cosa queda clara: el histórico acuerdo logrado entre la Unión Europea y los países del Mercosur tendrá que pasar aún algunas pruebas de fuego.

"Nosotros nos opondremos”, dice a DW Ska Keller, presidenta del grupo Verdes/ALE.¿Por qué?

"No es un buen deal. Hay una consideración política muy importante: con un acuerdo como éste, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se vuelve uno de los mejores amigos de la Unión Europea. Para nosotros no es aceptable , pues no sólo quiere deforestar la Amazonía sino que pisotea los derechos humanos de las poblaciones indígenas,  de la mujeres,  de los LGTBI… y  de cualquiera que no sea de su opinión. A alguien así no hay que ponerle una alfombra roja”, puntualiza Keller.



Sentencia para agricultura europea

Desde el movimiento La France Insoumise, Emmanuel Maurel dice a DW:  "Nuestra primera acción como diputados recién elegidos es una manifestación contra este acuerdo, que para la agricultura francesa representa una muerte anunciada”.

Maurel, ex integrante del bloque S&D y ahora del grupo de la izquierda, acota:  "no es que no queramos comerciar con un continente que nos es tan cercano como América Latina. Es que nuestros modelos de producción no son compatibles. En Europa estamos tratando de alejarnos de las grandes producciones ganaderas favoreciendo el bienestar animal y la calidad. Por el contrario, en el modelo sudamericano se cría con inyecciones de proteínas, con soja genéticamente modificada y con pesticidas”.

Según información oficial,  se permitirá, en el marco del acuerdo, el ingreso de 99.000 toneladas adicionales de carne vacuna.  A la vez se asegura que la calidad y los estándares europeos serán observados.

"Eso es lo que dice la Comisión Europea. Pero no va a poner los medios.  ¿Cree usted que la Comisión va a poner los medios para controlar 99.000 toneladas? Es pura hipocresía; es un taparse los ojos con el único objeto de intensificar el intercambio comercial”, denuncia Maurel.

En su opinión, el resumen de este acuerdo sería: "carne sudamericana versus autos europeos”. No obstante, sí que hay otros productos cuya importación masiva  golpearán a la agricultura europea en general y francesa en particular. Se trata de los cereales, la miel, la carne de pollo y el azúcar. La producción europea de las zonas periféricas –como la isla de la Reunión- se verá afectada.

¿Y el Acuerdo de París?

Pero hay más que motivos políticos y económicos para oponerse a este acuerdo que ahorrará 4.000 millones anuales en aranceles al empresariado europeo. También los hay ecológicos. En la intensificación del volumen comercial se detecta un gravísimo factor de riesgo adicional para conseguir los objetivos del Acuerdo de París.

"Nos oponemos a este acuerdo también porque esos productos antes de que acaben en la bolsa del consumidor han dado tres veces la vuelta al mundo, incrementando la polución en un momento de grave crisis por el cambio climático”, comenta a DW la francesa Manon Aubry.


"Podemos pararlo y debemos pararlo. No son sólo organizaciones campesinas las que han votado por nosotros. Es el ciudadano europeo que cada vez está más consciente de lo que un acuerdo así significa”, dice Aubry. En su primer día como eurodiputada, Aubry recuerda la fuerte oposición que hubo al acuerdo con Estados Unidos, el TITIP (ahora en barbecho), y al con Canadá, el CETA.

Como fuere, este acuerdo, acariciado por dos décadas, se suma a una serie de acuerdos comerciales que la Comisión Europea saliente pone a su haber. Que haya sido a salido a prisa y corriendo –mientras la Eurocámara se concentraba en unas complejas elecciones- para políticas como Ska Keller se debe al afán de "anotarse un éxito más”.  Por otro lado, la experiencia de acuerdos como el logrado con Colombia y Perú aconseja paciencia pues la oposición se anuncia firme.

"Cada vez hay más gente internacionalista en el Parlamento Europeo que quiere, sobre todo con América Latina,  intercambio económico.  El punto está en que, al mismo tiempo quieren otro modelo de producción y calidad. Eso no se cumple con Mercosur. Pero a la vez, estos acuerdos tampoco favorecen a la población sudamericana. Estoy seguro que habrá pronto brasileños, argentinos, paraguayos que van a estar de acuerdo con nosotros”, concluye Maurel.

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