River se trajo un triunfazo de Chile y es dueño de su grupo de Libertadores

#AhoraMisiones Se ha hecho una costumbre en los últimos tiempos definir al River de Gallardo como un equipo de mucha intensidad. Presión asfixiante sobre la salida del rival, recuperación inmediata de la pelota una vez perdida y, por supuesto, la infaltable pierna fuerte, característica fácilmente detectable en la cantidad de infracciones que realizan sus delanteros. Bueno, este miércoles por la noche en Chile, encontró a casi su reflejo.

Colo Colo le ofreció de su propia medicina y vaya que lo puso en aprietos. Le fue muy difícil al mediocampo millonario manejar la pelota con claridad como bien saben hacerlo los Enzo, Pérez y Fernández. Ni hablar de lo complicado que estuvo Julián Álvarez, un tanto solitario en ataque, para recibir, darse vuelta o ir a buscar las descargas. Ni Barco ni Simón, uno por errático y el otro por poco participativo, pudieron asistirlo ante el muy buen rendimiento de la defensa del Cacique, liderada por el uruguayo de espectacular cabellera enrulada, Maxi Falcón.

No sorprendió entonces que, cuando todavía no habían pasado ni diez minutos del segundo tiempo, Gallardo disponga el ingreso de Suárez (por Simón) para, por lo menos, complicarle un poco la noche hasta entonces tranquila que estaba pasando el fondo chileno, que encima sufrió la salida por lesión de su figura, el arquero Brayan Cortés -de Selección chilena- y la entrada del ecuatoriano Omar Carabalí, de apenas cuatro partidos en la Primera de Colo Colo.

Ante el poco éxito en ataque -apenas algunas buenas intervenciones del uruguayo De la Cruz- River pudo refugiarse en un Franco Armani que volvió a mostrar una versión parecida a la que lo depositó en la Selección. El casildense venía de tres partidos seguidos con incidencia directa en goles rivales, pero esta vez respondió con seguridad cuando se lo solicitó.

Más allá del aporte del arquero, Colo Colo también hizo lo suyo para mantener el cero en el arco visitante. Con ataques velocísimos, el Cacique obligó una y otra vez a la defensa riverplatense a retroceder casi desesperadamente, pero sin capitalizar las oportunidades. Y los goles que no se hacen en un arco... Los hace Suárez en el otro, en este caso.



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