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Víktor Yúshchenko, expresidente de Ucrania: “He tratado con Putin y sé lo que se necesita para derrotarlo”

#AhoraMisiones Maksym Kurochkin es dramaturgo. Durante casi tres años, él y otros 20 dramaturgos ucranianos estuvieron planificando la construcción de un nuevo teatro en el corazón del casco antiguo de Kiev. El grupo había encontrado una majestuosa estructura antigua que se dedicó a renovar, con el 12 de marzo como fecha de apertura. 

Pero el 24 de febrero Maksym y sus colegas se despertaron con el sonido terrorífico de las bombas, y el 12 de marzo llegó y pasó. En vez de planear la gran inauguración del nuevo teatro, Maksym se dedicó a estudiar estrategias militares con las que derrotar al invasor ruso. En lugar de un bolígrafo en la mano, ahora lleva un arma.

Hace dos meses que el ejército ruso cruzó ilegalmente nuestras fronteras. Lleva desde entonces fracasando en su intento de conquistar Ucrania. En parte, porque no esperaba encontrarse con una resistencia tan feroz y heroica de nuestro sofisticado ejército ni de los defensores del territorio que, como Maksym, decidieron tomar las armas y luchar en respuesta a la invasión rusa.




Mi propia hija, que se alistó inmediatamente cuando comenzó la guerra, forma parte del grupo de valientes defensores del territorio que antes no habían recibido formación militar ni participado en ningún tipo de conflicto. El espíritu inquebrantable del pueblo ucraniano ha quedado reflejado en historias como la de la joven pareja que adelantó el día de su boda para alistarse en las fuerzas de defensa del territorio, o como la del cómico que solía ayudar a los veteranos en la superación de sus traumas y decidió convertirse él mismo en combatiente. 

Algunos de estos defensores han caído trágicamente en combate. Otros han sido apaleados y asesinados en ciudades como Bucha, Járkov y Mariúpol. Hasta que abramos las fosas comunes y limpiemos los escombros de nuestras ciudades arrasadas, no podremos saber cuántos de nuestros ciudadanos han muerto.

Por impactantes que sean estas historias, representan exactamente lo que se puede esperar del salvaje ejército dirigido por el dictador ruso Vladímir Putin. Mi propia historia con Putin comienza en el año 2000, cuando los dos ejercíamos el cargo de primer ministro en nuestros respectivos países. 

Putin no hizo una enérgica campaña contra mí hasta que en 2004 me presenté como candidato a la Presidencia de Ucrania. En ese momento quedó claro hasta qué punto podía llegar para conseguir lo que quería. Yo no podía permitir que me disuadiera. Después de mi victoria comprendí que debía buscar una relación viable con él, como líder de nuestro vecino en el este. Pero el Putin con el que traté entonces ha dejado de existir. Desde entonces se ha convertido en un cruel déspota completamente aislado, incapaz de soportar ninguna oposición.

Una de las mayores armas que tenemos ahora contra Putin es la solidaridad internacional y el apoyo del resto del mundo. Eso es algo que de verdad le molesta. 

Durante varias semanas, las noticias sobre nuestra guerra ocuparon los titulares de todo el mundo y dominaron la conversación global pero soy consciente de que el interés sobre las historias de nuestros defensores territoriales está comenzando a decaer. El agotamiento por los horrores de la guerra es tristemente común. Lo vimos con Siria, con Yemen y con nuestro propio conflicto del Donbás. 

Pero los que seguimos en Ucrania no podemos permitirnos el lujo de sentirnos agotados, bajo riesgo de perder de vista nuestra victoria. Nuestra fuerza es ahora más importante que nunca. Aunque se estén produciendo retiradas de soldados rusos, escuchamos historias de reagrupamientos de las tropas invasoras y de planes de seguir con su ataque. Es ahora cuando debemos decidirnos a ganar esta guerra. 

Sin la ayuda exterior no podemos lograrlo. Esta guerra es un momento decisivo para la historia de Ucrania y para la defensa de la democracia. No se trata solo un conflicto regional entre Ucrania y Rusia, sino de una lucha contra la tiranía y contra el imperialismo. Nuestro ejército sigue necesitando armas y ayuda militar de todos nuestros aliados. Y también necesitamos asistencia financiera que nos ayude a tapar los agujeros que la guerra está provocando en nuestra antes sólida economía. 

Nuestros dirigentes están en la vanguardia de la guerra con Rusia y también luchando detrás de la línea de batalla, en la seguridad de las oficinas y de los organismos internacionales, tratando de recabar el apoyo que necesitamos de los aliados para restaurar la paz y la libertad en Ucrania.

Al mismo tiempo, tenemos un ejército de voluntarios que deben seguir suministrando a nuestros combatientes del equipo de protección necesario para mantener la lucha en el frente. Por fortuna, organizaciones de la sociedad civil como el Congreso Mundial Ucraniano han trabajado de manera incansable para asegurar el flujo constante de suministros no letales. 

También han desplegado un esfuerzo descomunal para defender el envío por parte de nuestros aliados de las armas que tan desesperadamente necesitamos, así como la imposición de los bloqueos económicos y sanciones que hagan falta para derrotar al agresor ruso. Nuestros combatientes seguirán luchando hasta la victoria final y nuestros simpatizantes seguirán haciendo todo lo que puedan para ayudarles.

Creo firmemente en la inevitabilidad de la victoria ucraniana. Cuando los ucranianos de a pie lo dejan todo para luchar por su libertad y su dignidad, la victoria es el único resultado posible. No puedo esperar a que llegue el día en que por fin termine esta guerra y Maksym y sus colegas puedan abrir su teatro para poner en escena nuevas obras escritas por desafiantes y valientes dramaturgos que no se centra en la propaganda sino en sus propias voces e ideas. Hoy luchamos por la libertad. Mañana veremos las obras de nuestros autores que ganaron esa libertad definiendo lo que significa ser ucraniano.

Traducción de Francisco de Zárate

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