🕊️ “Dictadura militar en Argentina: memoria, verdad y justicia en un nuevo aniversario”



EDITORIAL | DIARIO AHORA MISIONES
Por Martín Albornoz
Posadas, Misiones. Martes 24 de marzo de 2026.
Cincuenta años de silencio y grito: La memoria no es un archivo, es una herida viva
El calor en Posadas hoy aprieta. Es ese marzo húmedo, pesado, que nos conoce bien a los misioneros, donde el aire parece tener densidad y el tiempo se dilata bajo el sol del mediodía. Pero hay un peso que ninguna termómetro puede medir, una presión que no viene de la atmósfera sino de la historia. Hoy, martes 24 de marzo de 2026, el calendario marca un número redondo, de esos que asustan por lo que significan: cincuenta años. Medio siglo desde que el reloj de la democracia se detuvo a la fuerza, desde que los uniformes usurparon la voluntad popular y desde que el terror se instaló como política de Estado en cada rincón de esta Argentina, incluida nuestra querida tierra colorada.
Escribo estas líneas no solo como periodista, sino como un hijo de esta provincia, sentado frente a una pantalla mientras afuera la vida transcurre con normalidad. Y ahí reside el primer conflicto, la primera grieta por donde se filtra la emoción: la normalidad. ¿Cómo es posible que el sol salga igual sobre el río Paraná que hace cincuenta años, cuando debajo de ese mismo cielo se planificaba el exterminio de miles de compatriotas? Esta disonancia cognitiva, este choque entre la paz aparente de nuestro presente y la barbarie de nuestro pasado, es el lugar desde donde debemos hablar hoy. No desde la frialdad del dato, sino desde el calor de la sangre que nos une.
La aritmética del dolor
Los números son necesarios para la historia, pero insuficientes para el alma. Nos dicen que hubo 30.000 desaparecidos. Treinta mil. Intenten, por un segundo, cerrar los ojos y visualizar esa cifra. No como una estadística de un informe de derechos humanos, sino como treinta mil sillas vacías en una mesa de comedor. Treinta mil abrazos que no se dieron. Treinta mil nombres que no se llamaron. Ahora, multipliquen ese dolor por cada madre, cada padre, cada hermano, cada hijo que quedó esperando. La cifra se vuelve infinita.
En Misiones, a veces pensamos que el horror ocurrió lejos, en la ESMA, en el Atlético de Buenos Aires. Nos equivocamos si creemos que el terror de Estado no tuvo acento litoraleño. Aquí también hubo centros clandestinos. Aquí también el monte fue testigo de gritos ahogados. Aquí, en nuestra tierra de inmigrantes y trabajadores, la dictadura buscó disciplinar el cuerpo social, romper la solidaridad del obrero de la yerba, silenciar al estudiante universitario en Posadas, desaparecer al que pensaba distinto. El uniforme no distinguió provincias; el miedo fue federal.
La psicología del olvido y la resistencia
Como ser humano, sé que nuestra mente tiene mecanismos de defensa. El olvido es, a veces, un anestésico necesario para seguir viviendo. Pero cuando el olvido se convierte en política, cuando se transforma en una herramienta para blanquear a los verdugos, se vuelve cómplice. Hoy, en este 2026, nos enfrentamos a un enemigo nuevo: no solo la muerte natural de los represores, sino la muerte de la memoria por desgaste.
Hay una técnica psicológica conocida como "fatiga de compasión". Ocurre cuando estamos tan expuestos a una tragedia que dejamos de sentir empatía. "Ya pasó", dicen algunos. "Miren para adelante", sugieren otros. Pero, ¿cómo se mira para adelante si se niega el espejo retrovisor? Defender a quien más lo necesita, hoy, significa defender a las Abuelas que siguen buscando, a los Hijos que recién ahora, a los 50 años del golpe, encuentran su identidad, y a las Madres que ya no están físicamente pero cuyo pañuelo blanco sigue siendo la brújula moral de esta nación.
El trauma no es solo individual; es colectivo. Se transmite. Un niño que crece en una casa donde no se habla de un tío desaparecido, hereda un silencio. Ese silencio pesa. Por eso, salir a la calle hoy, marchar, gritar "Nunca Más", no es un acto de revancha. Es un acto de salud mental colectiva. Es decirle a nuestra psiquis social: "Lo que pasó fue real, fue injusto, y no permitiremos que se normalice".
La verdad como acto de justicia, no de venganza
Quiero ser incisivo aquí, porque la neutralidad ante la injusticia es complicidad. No hay "dos demonios" cuando uno de ellos tenía el poder del Estado, los aviones, los barcos y la impunidad. No hay equivalencia moral entre el que dispara desde el poder institucionalizado para aterrorizar a su pueblo y el que resiste. La dictadura de 1976 fue un proyecto sistemático. No fue un "exceso". Fue un plan para modificar la estructura social, económica y cultural de la Argentina. Se llevaron a los trabajadores, a los sindicalistas, a los artistas, a los curas del Tercer Mundo, a los estudiantes. Querían una sociedad sin preguntas, sin reclamos, sin solidaridad.
Y duele, como misionero y como argentino, ver cómo en este año 2026 todavía hay voces que intentan relativizar lo ocurrido. Duele ver cómo se intenta instalar la idea de que fue una "guerra". No fue una guerra. En una guerra hay dos ejércitos que se enfrentan en un campo de batalla. Aquí, hubo vecinos que fueron secuestrados en su casa, a la luz del día, y nunca más volvieron. Hubo bebés robados, convertidos en botín de guerra. ¿Hay algo más cobarde que robarle la identidad a un niño?
Defender a quien más lo necesita es defender la Verdad. La Verdad con mayúscula. Porque sin verdad, no hay justicia posible. Y sin justicia, la democracia es un cascarón vacío. La democracia no es solo ir a votar cada dos años; es la garantía de que el Estado nunca más volverá a usar su fuerza contra sus propios ciudadanos.
El legado para las nuevas generaciones
Hoy, los jóvenes que llenan las plazas tienen 20 años. No nacieron cuando cayó el golpe. Para ellos, la dictadura es historia, como lo fue la independencia para nosotros. Y ese es el desafío más grande de este aniversario número cincuenta. ¿Cómo transmitimos la emoción de la memoria a quien no vivió el miedo?
Se lo transmitimos con humanidad. No con consignas vacías, sino con historias. Contándoles que el tipo que camina al lado de ellos en la facultad podría haber sido hijo de una desaparecida. Contándoles que la libertad que disfrutan para escribir, para amar, para disentir, se pagó con sangre. La memoria no es un museo de cera; es un fuego que hay que avivar.
Si hoy, en el 2026, permitiéramos que la memoria se apague, estaríamos traicionando a los 30.000, pero también nos estaríamos traicionando a nosotros mismos. Porque lo que le hicieron a ellos, nos lo hicieron a todos. Cada desaparición fue un ataque a la humanidad entera.
Una reflexión desde el corazón de Misiones
Desde Posadas, mirando hacia el resto del país, siento una responsabilidad enorme. Nosotros, en el interior, a veces nos sentimos lejos del centro de poder. Pero la injusticia no tiene código postal. La lucha por los derechos humanos es el único lenguaje que nos iguala a todos los argentinos, desde La Quiaca hasta Ushuaia, desde Iguazú hasta Tierra del Fuego.
Hoy, en este editorial, quiero dejar algo claro: mi compromiso como periodista y como ciudadano es con la vida. Con la vida que fue truncada y con la vida que sigue luchando. No voy a ser neutral ante el dolor de una madre que busca a su hijo. No voy a ser objetivo ante la mentira de un genocida. Hay momentos en la historia donde la objetividad debe ceder paso a la ética. Y este es uno de esos momentos.
Cincuenta años son muchos. Es el tiempo de una vida entera. Muchos de los responsables han muerto sin hablar, llevándose sus secretos a la tumba. Pero la tierra, nuestra tierra colorada, guarda memoria. El río, que todo lo arrastra, guarda memoria. Y nosotros, los vivos, somos los guardianes de ese recuerdo.
El deber de hoy
Que este 24 de marzo de 2026 no sea solo un día feriado. Que no sea solo una fecha en el calendario escolar. Que sea un día para preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo hoy para que no se repita? Porque el terrorismo de Estado no siempre llega con tanques en la plaza. A veces llega con indiferencia, con discursos de odio, con la normalización de la violencia institucional, con el hambre que también es una forma de violencia.
Defender la memoria es defender el futuro. Es decirle a las nuevas generaciones que tienen derecho a un país donde no tengan miedo. Donde puedan pensar distinto sin ser perseguidos. Donde la justicia no sea un privilegio, sino un derecho.
Termino estas líneas con el corazón apretado, pero con la certeza de que estamos del lado correcto. El lado de la vida. El lado de la verdad. El lado de los que creen que un país se construye con abrazos, no con desapariciones.
A las Madres, a las Abuelas, a los Hijos, a los familiares de todas las víctimas del terrorismo de Estado: Gracias. Gracias por no callar. Gracias por mantener la llama encendida cuando el viento soplaba en contra. Su dolor es nuestro dolor, su lucha es nuestra lucha, y su memoria es nuestro futuro.
Nunca Más. No hoy, no nunca.
Martín Albornoz
Para Diario Ahora Misiones
Posadas, 24 de marzo de 2026.
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