Milei responde a Vidal con dureza 🚨⚖️



El gobierno de Javier Milei respondió con contundencia a las críticas de María Eugenia Vidal contra Manuel Adorni, acusándola de “hipocresía” y cuestionando su propia trayectoria política. Desde la Oficina de Respuesta Oficial, el equipo presidencial lanzó un comunicado en el que calificó como “ridículo” que Vidal pretenda ejercer autoridad moral para juzgar a funcionarios del Ejecutivo, recordando sus propios escándalos.

“Se cree con autoridad moral para dar lecciones, pero su propio expediente la deja en ridículo”, señaló el comunicado, que hizo referencia a las dos causas judiciales pendientes contra la exgobernadora de Buenos Aires: una por presunto enriquecimiento ilícito y otra por el uso de aportantes truchos en su campaña electoral de 2019. Ambas investigaciones aún están en curso y han sido ampliamente documentadas por medios de prensa.

El mensaje también incluyó un duro recordatorio sobre su vínculo con Mauricio Macri: “Nunca Macri le pidió la renuncia, aunque sí hubo denuncias de corrupción en su gestión. ¿Por qué ahora ella se convierte en juez moral?”, cuestionó la Oficina, en un claro intento de deslegitimar su crítica como una maniobra política.

Vidal, exgobernadora y figura clave del PRO, había expresado públicamente su desaprobación por la designación de Adorni como jefe de Gabinete, calificándola de “inaceptable” por su historial en el mundo de los negocios y su cercanía con intereses cuestionables. Su crítica se sumó a una ola de rechazo de sectores opositores y de la sociedad civil.

Pero el gobierno de Milei no se limitó a negar las acusaciones: las transformó en un ataque contra la propia credibilidad de su crítica. El tono, agresivo y directo, refleja la estrategia del Ejecutivo de no solo defender sus nombramientos, sino de desgastar a quienes los cuestionan, especialmente a figuras del peronismo y la oposición de centro-derecha.

Este intercambio no es solo una pelea de palabras: es una señal clara de que el gobierno de Milei no tolerará críticas desde dentro del mismo espacio político que alguna vez lo apoyó. La batalla no solo se libra en el Congreso o en las calles, sino también en el terreno de la reputación y la memoria política.

Mientras Vidal mantiene su postura, el gobierno apuesta a que el peso de sus propios escándalos la desgaste más que cualquier discurso. La próxima jugada, seguramente, no será verbal: será judicial, mediática o electoral.

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