🕯️ Muere Indio Solari: el ícono del rock nacional que cambió una generación 🎸

 🕯️ Muere Indio Solari: el ícono del rock nacional que cambió una generación 🎸



El rock argentino perdió a su voz más enigmática y profunda. Este 5 de junio, a los 74 años, falleció Indio Solari en su hogar de Parque Leloir, Ituzaingó, tras una larga batalla contra la enfermedad de Parkinson. Su muerte conmocionó al país y activó un duelo colectivo que trasciende lo musical: Solari era más que un cantante; era un símbolo de resistencia cultural, un poeta del rock que supo darle voz a las contradicciones de una nación.


Fundador en 1975 de Los Redondos, junto a Skay Beilinson, Solari construyó una estética única: cruda, poética, irónica y profundamente argentina. Discos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota y ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado no solo marcaron una época, sino que se convirtieron en himnos de una juventud que buscaba identidad en medio de la represión y la incertidumbre. La banda, que se disolvió en 2001, nunca buscó la popularidad masiva: la construyó, con autenticidad, desde los bares y los festivales alternativos.


Tras la separación, Solari no se retiró. En 2004, debutó con LFDAA: El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel) y continuó con una discografía sólida y coherente: Porco Rex, El perfume de la tempestad, Pajaritos, bravos muchachitos y su último álbum, El ruiseñor, el amor y la muerte (2018). Cada disco fue un nuevo capítulo de su lirismo oscuro y luminoso, donde la metáfora era su arma más poderosa.


En marzo de 2016, sorprendió al mundo al revelar públicamente que padecía Parkinson. “El Parkinson me anda pisando los talones”, dijo en un recital en Tandil, en un gesto de valentía que lo elevó a otro nivel de ícono: no solo por su música, sino por su honestidad. A pesar de la progresión de la enfermedad, siguió creando. En 2020, se convirtió en pionero al ofrecer un concierto virtual mediante hologramas, anticipando un futuro donde la tecnología podría extender el arte más allá del cuerpo.


Su última aparición en vivo fue en 2017 en Olavarría, ante una multitud que lo ovacionó como un dios del rock popular. En 2023, anunció su retiro definitivo de los escenarios. Pero nunca dejó de hablar. En enero de este año, recibió el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires, y lo hizo con un mensaje grabado: sin presentaciones, sin discursos, solo con su voz, su poesía y su mirada.


Tras su muerte, las redes se llenaron de recuerdos, canciones y testimonios. Skay Beilinson, su compañero de aventuras musicales, lo despidió con un simple y contundente: “Buen viaje, amigo”. Ilustradores como Rocambole y músicos como Walter Sidotti también lo honraron. Los seguidores, desde Mendoza hasta Ushuaia, encendieron velas, cantaron sus canciones en las calles y compartieron letras que los salvaron.


Indio Solari nunca buscó la fama. La mereció. Su legado no está en los premios ni en las listas de ventas, sino en las generaciones que encontraron en sus letras un espejo, un refugio, una rebelión silenciosa. Su música fue el sonido de una Argentina que no se rindió. Y ahora, su silencio es el más fuerte que jamás haya existido.

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