
Una familia de cuatro integrantes necesitó 2,4 millones de pesos en mayo para ser considerada de clase media en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, según el último informe del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad (INECIP). La cifra representa un aumento del 2,75% respecto de abril, en un contexto de inflación persistente y presión sobre los ingresos familiares.
El cálculo se basa en la actualización de la Canasta Básica Total (CBT), que incluye alimentos, vivienda, transporte, salud, educación, vestimenta y otros bienes y servicios esenciales. Para no caer bajo la línea de pobreza, la misma familia necesitó 1,58 millones de pesos mensuales —una cifra que, aunque menor, también creció en línea con los aumentos de precios en los últimos meses.
El informe destaca que el costo de la vivienda y los servicios básicos —especialmente luz, agua y gas— siguen siendo los mayores impulsores del aumento de la CBT. Además, los gastos en educación y salud registraron incrementos por encima del promedio, reflejando la creciente carga financiera que enfrentan los hogares para acceder a servicios de calidad.
“La clase media ya no es solo un estatus social, sino un indicador económico frágil”, señala la economista Laura Márquez, investigadora del Centro de Estudios Económicos de la UBA. “Cuando una familia gasta más del 80% de sus ingresos en lo básico, deja muy poco margen para ahorro, inversión o emergencias. Eso no es estabilidad, es supervivencia”.
El INECIP advierte que, desde principios de año, el incremento acumulado de la CBT supera el 18%, mientras que los salarios promedio en la Ciudad crecieron apenas un 12% en el mismo período. Esta brecha pone en riesgo la sostenibilidad del nivel de vida de miles de hogares que, pese a tener empleo formal, se acercan peligrosamente a la línea de pobreza.
En paralelo, los datos revelan que el 38% de los hogares porteños no alcanza el umbral de clase media, lo que implica que más de tres de cada diez familias viven en condiciones de precariedad económica, aun en la capital del país.
Ante este escenario, organizaciones sociales y expertos en políticas públicas exigen una reevaluación urgente de los subsidios, los salarios mínimos y los programas de asistencia. “No basta con medir la pobreza. Hay que proteger la clase media, porque es el pilar del tejido social y económico”, señala el diputado porteño Juan Martínez, integrante de la Comisión de Presupuesto.
Mientras tanto, miles de familias ajustan sus gastos: posponen viajes, reducen compras de ropa, recortan salidas a restaurantes y renuncian a servicios de streaming. El sueño de una vida estable, en CABA, se ha vuelto cada vez más costoso —y más lejano.
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*Fuente: Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (INECIP), mayo 2024.*