
Israel ha sido acusado de emplear fósforo blanco en ataques contra zonas civiles del sur del Líbano, incluyendo la localidad de Yohmor, en un episodio que ha desencadenado una escalada militar sin precedentes y una contundente respuesta de Irán. Según una investigación exclusiva del New York Times, respaldada por Human Rights Watch y otros organismos internacionales, el ejército israelí utilizó municiones de fósforo blanco —un agente incendiario altamente peligroso— sobre áreas densamente pobladas, causando incendios en viviendas, daños materiales masivos y pánico entre los civiles.
Expertos en derecho internacional humanitario señalan que el uso de fósforo blanco en zonas habitadas viola el Protocolo III de la Convención de Armas Convencionales, que prohíbe su empleo contra objetivos civiles cuando se genera un riesgo desproporcionado para la población. “Esto no es un error táctico. Es una violación sistemática”, afirmó a la prensa la abogada de derechos humanos Leila Zreik, directora de la Coalición por la Justicia en el Líbano.
Los ataques se produjeron en medio de una supuesta tregua que, según autoridades libanesas, nunca se cumplió. Entre abril y principios de junio, se registraron más de 4.000 bombardeos israelíes en territorio libanés, según cifras del Ministerio de Defensa de Líbano. Los hospitales, escuelas y zonas residenciales han sido blanco recurrente, mientras que los acuerdos de cese al fuego anunciados por la comunidad internacional han caído en el olvido.
Pocas horas después de un intenso bombardeo israelí sobre Beirut y otras localidades del sur, Irán lanzó una ola de misiles balísticos hacia objetivos en el norte de Israel. Fue la primera respuesta directa y masiva de Teherán desde el alto al fuego de marzo. El Ministerio de Defensa iraní declaró que la operación fue “una respuesta proporcional y necesaria” a los “crímenes de guerra” de Israel en Líbano y acusó a Tel Aviv de “cruzar todas las líneas rojas”.
“Israel cree que puede actuar con impunidad. Hoy le demostramos que no”, dijo el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Nasser Kanaani, en rueda de prensa. Las autoridades iraníes insistieron en que el ataque no marca el inicio de una nueva guerra, sino la reacción a una agresión continua.
Los misiles iraníes impactaron en zonas militares y de infraestructura en el norte de Israel, sin causar víctimas civiles, según el Ejército israelí. Sin embargo, el mensaje fue claro: Teherán ya no tolera la escalada en Líbano. La acción también puso en alerta a Estados Unidos y a la ONU, que reiteraron su llamado a un cese inmediato de las hostilidades.
Mientras tanto, en el sur del Líbano, familias siguen huyendo de sus hogares calcinados. Los testigos describen escenas de caos: niños con quemaduras, casas convertidas en cenizas y el olor a azufre en el aire. “No es guerra. Es exterminio”, dijo una mujer de Yohmor mientras recogía los restos de su casa.
La comunidad internacional enfrenta una creciente presión para actuar. La ONU ha abierto una investigación preliminar, pero sin sanciones concretas, el ciclo de violencia parece incontrolable. Mientras Israel insiste en que sus operaciones son “legítimas defensa contra Hezbollah”, y Irán sostiene que responde a “agresiones incesantes”, los civiles siguen pagando el precio más alto.
El mundo mira, pero ¿quién detendrá esta espiral antes de que se vuelva irreversible?