¿De qué lealtad me hablan?

¿De qué lealtad me hablan?

El 17 de octubre de 1945 los trabajadores cruzaron el Riachuelo para pedir por Perón. Ayer, ochenta y un años después, el peronismo volvió a cruzar algo: sus propios caminos.

En Buenos Aires, Axel Kicillof habló como único orador en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán —ya lanzado como presidenciable bajo la consigna "Cuenten conmigo"—, mientras La Cámpora marchaba a San José 1111, la puerta del domicilio donde Cristina Fernández cumple prisión domiciliaria por la causa Vialidad, y Máximo Kirchner aparecía en Chaco. En Posadas pasó lo mismo en escala local: el PJ festejó en su sede central y otro sector lo hizo en el Club Racing de la calle Entre Ríos. Todos, eso sí, hablaron de la necesidad de unidad.

La única lealtad que se cumplió a rajatabla fue la de no pisarse el acto ajeno. Mientras tanto, el laburante y el jubilado —los de verdad, los que le pusieron el cuerpo al 45— miraron todo esto desde un sábado de trabajo, con la billetera flaca y la carrera al 2027 en el horizonte. Y les pregunto a ustedes, lectores: ¿cuántas lealtades entran en un peronismo que no logra sentarse a la misma mesa?

Aquel 17 de octubre la patria fue una multitud en la Plaza de Mayo. Hoy, para los dirigentes, la patria parece un espejo roto en pedazos. La lealtad no se declama: se practica. Y la primera lealtad de un movimiento obrero debería ser con los que ya no pueden esperar hasta el 2027.

Martin Albornoz

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