Hay un ladrón suelto en Posadas y no lleva capucha: lleva planilla. Héctor B., de 37 años, era el tesorero de la comisión de padres de la EPET 34. Su trabajo era simple: cuidar la plata de la Estudiantina. Su mérito fue otro: gastársela.
La denuncia dice que se fumó casi seis millones en ruedas, nafta y restaurantes. La investigación dice que la cuenta movilizó casi dieciséis. Los padres, que lo pusieron a dedo porque confiaban en él —"es papá de una alumna, cómo no confiar"—, hablan de veinte. Veinte millones de pastelitos, locros y empanadas que no terminaron en los trajes de los pibes.
Y acá va lo que nadie dice en voz alta: el tipo no robó solo. Robó con una esposa presidenta de la comisión, con un sistema de transferencias a dos cuentas sin control, con la pasividad de todos los que miraban. La estafa al bolsillo fue posible porque la estafa a la confianza ya venía de fábrica.
¿Te suena familiar? Es el mismo mecanismo de la política que denunciamos todos los días, pero en miniatura: la caja sin llaves, el administrador ungido por confianza, la rendición que nunca llega. La corrupción no empieza en un ministerio; empieza cuando un grupo de padres entrega veinte millones a alguien sin pedirle un balance.
Mientras él espera la imputación del juez Monte, los pibes de la EPET 34 venden empanadas para pagarse el show de escolas. Ellos perdieron la plata y ganaron una lección gratis: a la honestidad se la audita, no se la presupone.
Compartila. Y la próxima vez que te toque juntar guita con vecinos, pedí la cuenta. El tesorero se agradece.
Martin Albornoz