Milei volvió de París con una palabra nueva para el diccionario del ajuste: bazuca. Una "bazuca de 75.000 millones de dólares" para frenar una corrida cambiaria antes de las elecciones de 2027. Lo anunció él en el Argentina Week, lo repitió Caputo: setenta y cinco mil millones, como quien cuenta chauchas.
¿Vos tenés 75.000 millones? Yo tampoco. Y ojo con la letra chica: veinte mil son del swap con Estados Unidos, veinte mil del swap con China y quince mil en dólar futuro. Plata que, según los analistas, no está disponible de inmediato o depende de decisiones que el Banco Central no toma. Traduzco: la bazuca apunta con balas que todavía no se compraron.
Caputo calculó una dolarización extra de 7.000 millones antes de las elecciones. Los economistas, en cambio, hablan de un piso de 30.000. La gente no compra dólares porque sea antipatriota: compra porque aprendió que las promesas hechas en París no pagan el alquiler en Posadas.
¿Te acordás de la campaña contra el Estado gigante? Hoy ese mismo Estado se arma de una bazuca para cuidar el tipo de cambio antes de votar. No es una herramienta económica: es un eslogan de campaña con escudo fiscal.
La historia argentina ya nos enseñó el final: cada bazuca que se anunció la terminó pagando el laburante. El dólar se defiende con papeles firmados en París; el misionero se defiende solo, con el sueldo que se achica mes a mes.
Anotala: la bazuca apunta al dólar, pero dispara al bolsillo. Y compartila, porque el silencio también sale caro.
Martin Albornoz